La sociedad argentina viene desde hace años creciendo en temáticas de sexualidad, cada vez con menos tabúes y prejuicios. En la juguetería erótica hubo un avance vertiginoso. Las mujeres se dieron ese permiso para jugar, sin sentir que un “toy” es algo “para la otra” o que se usa “por necesidad o falta de algo”. Se abrieron a un mundo nuevo que les permitió animarse a más.

El boom de la literatura erótica, encabezado por la trilogía “50 sombras de Grey, irrumpió en un excelente momento social: con una mujer argentina abierta al cambio y ya madura en la incorporación de artículos eróticos. Es muy interesante lo que sucedió, ya que el mundo sado siempre fue rotulado como algo oscuro y extraño. Pero, a partir de estas lecturas, muchas mujeres se sacaron ese preconcepto y decidieron investigar un poco este camino repleto de nuevas sensaciones.

El libro instaló un “sado glam” o un “sado light”. Consiste en sumar a nuestras relaciones a objetos que nos permiten jugar un poco más, ir más allá, pero con cierto glamour, con excelencia en la elección de sus telas y sus combinaciones. No incluye nada que nos moleste ni nos prive la posibilidad de dejar de jugar cuando lo deseemos, ya que estos objetos no tienen llaves (en el caso de las esposas), ni ajustan demasiado.

En el mercado existen distintas líneas de productos que combinan látigos con esposas, antifaces, bandanas, tangas, ligas y pezoneras. En algunos casos vienen con vedetinas en lycra engomada y tachas de bronce, para sentirse un poco más “hard”. También hay distintos estilos: Chanel, indie, animal pink, vintage, reptil… Casi como un desfile, pero en tu cama.

¿El juego? Te dejamos algunos consejos

* Antifaz y bandana. Son un paso obligado y fundamental. La adrenalina que brinda el hecho de no poder ver despierta el deseo de lo que está por venir. Podés elegir el diseño que más te guste: hay, por ejemplo, bandanas que te permiten ver al otro a través de pequeños agujeritos. Vendalo a él o pedile que te vende, para vos también sumergirte en las primeras sensaciones. ¡Lo ideal sería probar ambas cosas a la vez! Cuando tu hombre esté vendado, recordá que cada juego que le hagas va a sentirlo mucho más profundo, así que arrancá despacio y andá subiendo la temperatura.

* Látigo. La primera vez que alguien agarra un látigo sucede lo mismo: piensa solo en las nalgadas fuertes. Y es que nos da cierta emoción esta fantasía de dominar al otro, esta especie de “poder” que nos confiere el objeto. Te sugerimos que pruebes de otra forma y alternes lo fuerte con lo suave. ¿Cómo empezar? Primero, acariciá con tu mano la zona de sus nalgas durante un buen rato para que se relaje. Luego podrás comenzar a usar los flecos del látigo como si fueran cintas que recorren todo su cuerpo. Cuando menos lo espere, podés darle un suave golpe. Recordá que no se trata sólo del golpe, sino más bien del juego. Si elegiste los que tienen flecos de antílope, tendrán un efecto suave. Si querés animarte a un poco más, elegí los que tienen flecos de cuero trenzado. Repetí esta acción varias veces y lográ así un ritmo. Alterná con las caricias y tratá, en lo posible, de ir de menos a más.

Esposas. El juego con las esposas te va a permitir quitarle la posibilidad de hacer. Si vas a esposarlo a él, tenés que aprovechar que la naturaleza masculina es extremadamente visual. Con lo cual, una vez esposado, jugá con tu cuerpo, tu mirada, tu actitud y su deseo que irá incrementándose cuando pasen los segundos. Para este momento tan visual elegí un buen diseño de lencería y sumá otros productos: velas, aceites, fragancias… Él estará esposado, así que sólo sentirá tus acciones.

En todos los casos, sumá palabras, susurros y besos. Convertite en una mezcla de ángel y demonio, dulce con salvaje, y liberá tu imaginación. Todo vale si hay un acuerdo entre los dos.

Fuente: http://entremujeres.clarin.com. Autora: Mariela Tesler Hans.